Dos hermanos que mojaban la cama
Este es el cuento de los dos hermanos llamados
Jackson y Bill, quienes tenían diez años de edad.
Los dos tenían muchos días mojando la cama donde
dormían juntos por las noches, incluso también se orinaban en las siestas que
tomaban por las tardes en casa, cuando terminaban de comer y las tareas
escolares.
Jackson y Bill tenían hartos a sus dos padres,
pues los dos adultos, tenían que turnarse para poder lavar a tiempo y a diario
las sábanas húmedas de sus dos chicos, y por estar cansados y necesitar tiempo
para lavar sábanas, una mañana decidieron por que sus dos hijos usaran pañales
para estar en casa y para dormir.
Fue así que otra mañana, a primera hora, el padre
de los dos niños salió en su auto a la compra de los pañales y los demás
utensilios. Se fue en su auto al supermercado, y llegando al lugar, primero
echó al carrito de compras las cosas que hacían falta para su casa. Mientras lo
hacía, se encontró con unos amigos suyos de su empresa donde trabajaba, por lo
que se dilataron veinte minutos conversando en los pasillos donde vendían
productos de limpieza. Seguido que terminaron, se dieron un abrazo y cada quien
continuó con sus respectivas compras, las que eran el encargo de sus esposas.
Luego el padre de los dos niños con problemas
nocturnos, se dirigió al área de los pañales desechables. Tomó dos paquetes de
pañales talla jumbo para niños, los cuales identificó bien por llevar en el
empaque a un niño de la edad de sus dos hijos portando los pañales; también
llevó una caja completa con lo necesario para el momento de limpieza.
Cuando tuvo lo requerido por su esposa, entonces
puso retorno a su casa.
Cuando llegó, todos hicieron tareas y limpiaron la
casa, moviendo los muebles y poniendo todo en orden.
Cuando acabaron, entonces se fueron a comer, la
madre de los niños sirvió en la mesa la comida para el día, y los cuatro
miembros de la familia comieron tranquilamente, viendo en la televisión sus
series favoritas, las que eran de acción y superhéroes.
Al final, los dos niños sabían que era hora de su
siesta, y también hora de tener que afrontarse a la pesadilla que se presentaba
al despertar: el mojar la cama. Así que sus dos padres, se convirtieron en
héroes, como los de las series de acción, cuando les dijeron que les pondrían
pañal desechable para que así no tuvieran accidentes mientras dormían.
Jackson y Bill se miraron sorprendidos, pues nunca
habían usado pañales desde los tres años, tampoco se había tocado el tema en
casa, ni era algo tan popular en sus vidas en todo sentido; sí que era raro que
estuviesen de vuelta esos productos, era como tener un bebé real en la familia.
Los dos se sintieron nerviosos mientras iban en
camino al cuarto donde dormían, pero luego con el deseo de que no amaneciese
húmedo su colchón, aceptaron ser puestos en pañales por sus dos padres.
Primero fue el turno de Bill, quien se quedó
esperando que su madre llegase con las bolsas del supermercado en la mano. El
niño se sentía nervioso, pero a gusto con la idea que al final de la siesta que
duraría una hora y media, su cama estaría seca y no tendría que ser regañado
por sus padres.
Así que en ese momento, se sentó en la cama,
mientras su madre abría los elementos que compraron. Seguido ella le empezó a
retirar los zapatos, las calcetas se las dejó puestas. Luego le subió la
playera hasta el pecho, para que no estorbara en el área principal. Bill sentía
cómodo el inicio del proceso, a lo que no ponía ninguna resistencia.
Su hermano Jackson esperaba su turno al lado, casi
enfrente de la cama, con una sonrisita picaresca en su rostro, como que si el
uso de los pañales fuese algo que estuvo esperando desde hace mucho tiempo.
La madre de los chicos que mojaban mucho la cama
le abrió el botón del pantalón a su chico, luego le bajó el cierre con rapidez.
─Levanta un poco la cintura─. Dijo ella con
dulzura. Bill entonces le hizo caso, permitiendo que su madre le retirase su
pantalón, quedándose en el calzón que llevaba para ese día, el cual era color
blanco con figuritas del pato Lucas. La señora dobló el pantalón y lo puso
encima de la almohada, pensando que si iban a dormir una siesta, entonces
podrían quedarse con el puro pañal y el calzón de tela. Y como no podían
ponerle el pañal encima del calzón, la señora le retiró éste, poniéndolo en su
forma, pues se había enrollado al pasar por las piernas de su chico.
Así fue que Bill se quedó desnudo, conservando
únicamente las calcetas y su playera. Se mantuvo con las piernas flexionadas
hacia los lados, mientras su madre sacaba un pañal del nuevo paquete. Cuando
estuvo listo, ella le limpió sus pompas con las toallitas húmedas, liberando
restos de suciedad; seguido, le sostuvo sus piernas sobre su pecho con una mano
y con la otra le empezó a tallar crema para evitar las rozaduras en todas sus
pompas, deslizando bien sus dedos entre sus líneas; ya que con el dormir por
esa tarde podrían sudar mucho y eso causarles irritación en esa piel. Luego le
roció su pene con mucho talco para bebés, esparciéndolo con sus manos, dándole
un ligero masaje para que disfrutase ese rico momento, y Bill bien lo
representó con una sonrisita y con cerrar sus hermosos ojos. Con ese rico
procedimiento, Bill pudo reconocer que usar pañales para los dos momentos de
sus vidas, como la siesta y la noche, no era tan problemático ni traumatizante.
La señora le puso el pañal bajo las pompas de su
hijo y subió para cubrir su bonito pene, el cual cuidó que estuviese con la
puntita hacia abajo para comodidad y que el pipí fluyese mejor hacia las partes
más absorbentes del pañal. A Bill le abrocharon las cintas adhesivas en la
cintura, haciendo que se viese divino con su pañal. El chico se levantó y
empezó a dar unos cuantos pasos apreciando la comodidad del producto; también
se fue a ver al espejo, encontrándose admirable, pensando que ahora era otro
chico que usaba mejores cosas que simples calzones de tela; los pañales le
hacían verse como otra maravilla cuando los traía puestos. Así que para
proceder a iniciar su descanso, se acostó en la cama que compartía con Jackson,
tomando el papel de público en ese proceso de colocación de pañal, viendo que
su hermano de la misma edad se acostaba como lo hizo él, mientras que su madre
sacaba otro pañal de la bolsa.
A Jackson también le retiraron los zapatos que
llevaba en ese día, para poder retirarle la demás ropa; seguido le bajaron el
pantalón, dejándolo en calzón y su playera. Su madre igual se la subió hasta el
pecho, y le despojó el calzoncillo con un desliz entre las piernas.
Jackson quedó desnudo, su piel era bonita y
caucásica, igual que Bill. El proceso fue el mismo, solo que cuando la madre de
los dos niños estaba limpiándole sus pompas a Jackson, Bill y ella pudieron ver
que el pene del chico se estaba poniendo erecto, y la piel del chiquillo se
ponía erizada.
Jackson sí que estaba sintiendo rico el momento,
se estaba llenando de excitación, no por usar pañal, sino porque su hermano y
su madre lo estuviesen viendo desnudo de nuevo, algo que no había sucedido
desde hacía algunos años en sus cortas vidas.
Pero que a Jackson le ocurriese una bonita erección
notable no le importó a la madre de los dos, ella ignoró eso y continuó en
ponerle crema en sus pompas y luego mucho talco en su pene, el cual se puso un
poco menos erecto al terminar de ubicarle el pañal bajo sus pompas, para
cerrarlo con las cintas al subirle la parte frontal.
Cuando por fin los dos estuvieron con sus pañales
puestos, su señora madre guardó los elementos comprados para sus accidentes
dentro de la cómoda. Los dos niños se prepararon para dormir tranquilos,
llevando el pañal a la vista para ese momento, pues ya no quisieron llevar
puesto el calzón de tela.
Se durmieron cómodos por toda una hora y media.
Afuera el ambiente se puso nublado, las nubes
corrían de un lado a otro en señal que iba a caer una fuerte lluvia.
Jackson se despertó con los ojos hinchados de
dormirse ese tiempo, observando el cielo por su ventana, recordando que había
ropa que sacar del patio donde la ponían a secarse. Así que al ver su casa
tranquila y a Bill aun dormido, supo que tendría que ir a moverla él mismo.
Rápido puso salida de su cama y en esos movimientos se había olvidado del pañal
que le pusieron, se le había olvidado el remedio, pero al ver a Bill a sus
pompas por dormir boca abajo y verse a sí mismo con el suyo puesto, vio que se
había mojado como siempre: entre sus piernas tenía la parte frontal del pañal
totalmente amarilla, más grande de lo normal; efectivamente el pañal había
evitado una gran mancha en las sábanas y el colchón.
Jackson se sintió feliz por la ayuda del pañal, la
gran ventaja que representaba usarlo para dormir. Entonces se apresuró a salir
de su cuarto para sacar la ropa del hilo. Se echó un brinco por encima de Bill
y fue con pasos rápidos al jardín.
Su patio era amplio y lo rodeaba una barrera de
madera alta, por la que ninguna persona de afuera podría verle su bonito pañal
lleno de pipí.
Jackson retiró la ropa del hilo, llevándola hasta
la sala. Echó el bulto de prendas sobre los sillones y al hacerlo, su cuerpo le
hizo sentir una necesidad normal en su cuerpo: le dieron ganas de hacer popó.
La comida de ese día había hecho fluir a lo demás en sus interiores, por lo que
en cuestión de segundos mantuvo el gran segmento de popó en la punta de su
salida. Rápidamente pensó en ir al baño, pero al ver el pañal que llevaba
puesto, analizó que los bebés hacían uso de él cuando tenían ganas como las
suyas, unas ganas urgentes de ensuciarse.
¡Así que se dio voto aprobatorio en ese momento!
Se quedó de pie en una posición cómoda y con reunir sus fuerzas, empezó a pujar
fuerte para vivir una rica y mal oliente experiencia.
Pujó lento, lento; luego fuerte…
Con el ir depositando todo en el pañal, escuchaba
cómo tronaba todo, su popó crujía como una bolsa plástica, y vaya que sí, por
el plástico que constituía el forro de su pañal, que ahora por la nueva carga
sucia que ya olía mucho, se tornaba con una mancha marrón en sus pompas.
Al final de hacerse popó, tomó un poco de aire,
pues el pujar contra la presión del pañal alrededor de sus pompas era agotador.
Con su mano palpó sus pompas, sintiendo la masa calientita de suciedad que se
esparcía al picarla más con sus dedos, pues había sido un poco espesa.
Como era la primera vez haciéndose popó en un
pañal a su edad de diez años, pensó que no podría estar mucho tiempo así con
todo eso en sus pompas, porque podrían ocurrirle rozaduras o desbordársele más
por las entrepiernas.
Por lo que puso camino hacia el cuarto de sus
padres, los que también estaban tomando una siesta. Con cada paso que iba
dando, el pañal en sus pompas se hacía más pesado, se le hizo una bola que se
columpiaba de un lado a otro, y en la piel de sus entrepiernas sentía la popó
batírsele como si tuviese puré de papas.
Al llegar, los dos adultos estaban acostados
durmiendo pacíficamente, y Jackson se acercó a orillas de la cama, quedando
frente a su madre. Le dio tres piquetes en su brazo para llamarle la atención.
La mujer abrió los ojos rápido, viendo a su hijito de pie ante ella, con el
amarillo pañal que colgaba mucho entre sus piernas, reconociendo que ya era
hora de quitárselo.
Pero de pronto, un olor fuerte a pañal sucio le
llegó a sus narices, encontrando lo obvio del momento, reflejado también en el
rostro de Jackson.
─¿Te hiciste popó en el pañal, verdad?─. Dijo
ella, mirando a su hijo seriamente, pero con el olor tenía su repuesta, y la
pregunta quedó innecesaria. Jackson solo afirmó con la cabeza para responder.
Seguido la mujer se puso de pie, sintiéndose
molesta por que su hijo se hizo popó en el pañal y no en el baño. Ella le llevó
de vuelta al cuarto donde dormían, y luego de despertar a Bill de su siesta,
Jackson se acostó de nuevo en la cama boca arriba; al hacer eso el niño sintió
que la gran mancha se recorrió hacia sus entrepiernas, incluso llegando hasta
sus testículos, pues la presión de su peso hacía moverse más la gran bola de
popó en sus pompas hacia todo lugar.
─¿Te hiciste popó en tu pañal, Jack? ¡Eso es
increíble!─. Se admiró Bill, sonriente, viendo que su madre le abría las cintas
frontales.
Jackson no dijo nada, únicamente se quedó
sonriente como siempre, aguardando ser limpiado. Fue luego que le bajaron la
cubierta frontal, revelando la gran suciedad que sí llegó hasta sus testículos.
Su señora madre entonces le empezó a limpiar con papel higiénico la mayor parte
de sus entrepiernas, con cuidado.
Bill estaba encantado de ver a su hermano de edad
así de sucio, con toda esa popó embarrada en sus pompas, encontrando agradable
la escena, a pesar que oliese fuerte.
Cuando le limpiaron las entrepiernas a Jackson, su
madre le levantó las piernas sobre su pecho como era para poner un pañal nuevo,
pues en esa zona aún había mucha popó que quitar, a lo que con papel higiénico
continuó limpiándole.
Varios minutos después, Jackson quedó libre de
popó en su piel, a lo que su madre terminó por limpiarle con toallitas húmedas,
para asegurarse que no oliese a eso cuando se pusiese su calzón de tela.
La madre de los dos niños hizo bola el pañal sucio
de Jackson, el cual llevaba los papeles y toallitas usados en el proceso. Bill
llevó a tirar el pañal de su hermano, mientras Jackson se quedó vistiéndose sin
pañal, solamente con su calzón de tela, el que llevaba desde la mañana y un
pantalón corto.
Bill echó el pañal sucio a la basura, excitado e
inspirado en su hermano, sintiendo que su pequeño pene se ponía erecto por sentirse
así. Su infantil excitación le hizo pujar y pujar hasta que le dieron ganas de
hacerse popó en el pañal que usó para su siesta, por lo que reconociendo que si
Jackson pudo hacerse encima, oler así de sucio con toda la gran carga y bola en
sus pompas, también él podría. Así que ahí mismo en su jardín, donde estaba el
bote de basura, sacó lo contenido en su pañal y lo que su cuerpo ya no quería
tener dentro. Su popó también fue mucha, la que le borró la pequeña línea que
se dibujaba en sus pompas a pesar de estar seca por no haberse mojado mucho en
su siesta.
Cuando terminó, se sentía en una atmósfera de olor
a sucio, y se fue caminando en retorno a donde estaba su madre, quien no tuvo
otra opción que limpiarle sus pompas y su pene, cuidando que no hallasen
manchas de nada para que no oliesen mal, no tuviesen rozaduras.
El proceso con Bill en su limpieza fue el mismo,
donde Jackson también le vio desnudo con toda la bola de suciedad aplastada en
el algodón del pañal.
Al final de todo, la familia de cuatro integrantes
salió de paseo. Bill y Jackson no llevaron pañales bajo la ropa, pues no
querían que las personas pudiesen apreciarles el bulto entre sus piernas o en
sus pompas cuando se agachaban a jugar, o si corrían, como siempre les gustaba
hacer.
Su señora madre les indicó con fuerza que no
quería que se siguieran haciendo popó en el pañal, pues esos fueron comprados
con la finalidad de evitar que mojasen la cama en sus siestas y por la noche.
Pero algo había ocurrido en la mente de Jackson y Bill, pues en los momentos
que se hicieron popó por primera vez, en sus mentes se produjo una rara
sensación, una emoción, una excitación tan grande que les hacía afirmarse a los
dos, incluso lo platicaban, que para la noche y los demás días que venían,
cuando tuviesen el pañal puesto, se cagarían encima como fue en ese rico día,
la popó olía muy bien, mezclada con los accesorios para bebés.
Fue como un foco que se encendió dentro de su ser,
pero igual un foco sin botón para poder apagarlo.
Fue así que los dos hermanos que mojaban la cama
terminaron en pañales, un remedio repentino pero que se apreciaba, iba a durar
mucho tiempo en ellos, ya que el remedio para dejar de mojar la cama no sería
tan rápido de dejar, y el de hacerse popó encima, tampoco.
FIN
