Alex
era un chico de 8 años de edad, quien iba de la mano con su madre en una calle
donde igual iban otras personas caminando. La madre de Alex llevaba a su hijo
al peluquero, pues ya tenía muy largo su cabello, ya le estaba cubriendo las
orejas; para ellos no era problema, pero en la escuela siempre le decían que ya
estaba rompiendo con el reglamento.
Las personas que veían a los dos caminar no se les
hacían nada raro verlos, eran como cualquier otra pequeña familia, pero lo que
nadie veía ni sabía, era que Alex llevaba pañal bajo su ropa. El pañal se lo
habían puesto porque por esos días Alex estaba ateniendo escapes de pipí, el
niño siempre decía que no sentía cuando los largos chorritos se le escapaban y
le mojaban su calzón y su pantalón, pero que no podía detenerlo para llegar al
sanitario y terminar. Así que su madre pensó en comprarle pañales para que los
usara en todo momento.
Las pompas de Alex se movían sensualmente por lo
grandes que se le hacían por el pañal; la ventaja era que nadie podía saberlo.
Caminaron unas cuadras hasta que llegaron con el
peluquero, y el señor les atendió cordialmente al verlos en la entrada de su
negocio. Les abrió la puerta y preparó sus herramientas.
Alex se retiró la playera para que no le quedaran
restos de cabello en la tela, por lo que al alzarse su prenda, en su cintura se
lograron ver los elásticos del pañal bajo su calzoncillo de tela. El señor que
cortaba el cabello vio eso y no dijo nada, únicamente se asombró de estar ante
un niño grande que usaba pañales.
Cuando Alex estuvo sin camisa, entonces se sentó
en la silla ante el espejo, y le colocaron la cubierta de plástico para
prevenir que le cayeran encima sus cabellos.
Le echaron agua y comenzaron a hacerle un bonito
corte, que le daba aspecto infantil y más bonito a su rostro.
Como era la primera vez que Alex usaba pañales, él
sentía que le hacía un bulto entre las piernas, que no se las permitía juntar
mucho, y vaya que sí, pues el algodón era bastante grueso, por lo que era
perfecto para retener toda la pipí que se le escapara.
A medias del corte de cabello, a Alex le empezaron
a dar ganas intensas de hacer pipí y como recordó que tenía pañal puesto,
comenzó a dejar salir las ganas que de todos modos, iban a presión y no podía
hacer esfuerzo para detenerlas. Ahí sentado, sentía que su pipí salía y se
absorbía por el algodón frontal que le envolvía su pene, el que le hacía ver un
gran bulto entre las piernas, mucho más grande que el que se veía por estar
seco. Cuando sintió que iban terminándose, entonces le llegó otra sensación que
le erizó la piel, y reconoció que ahora tenía que ensuciarse de popó. Alex no
dijo nada, pues pensaba que el peluquero ya iba a terminar con su corte. Por lo
que aguardó unos minutos más.
Fueron tres minutos los que se mantuvo sin decir
que quería hacer popó, por lo que al iniciar el cuarto minuto, Alex empezó a
sentir que las ganas eran totalmente fuertes, sentía que el largo segmento de
popó ya estaba en la punta de su ano, por lo que solo bastaba con que se
pusiera de pie para dejarla salir.
Finalmente, el peluquero le retiró a Alex la manta
blanca que le evitaba que le cayera cabello. El niño se vio al espejo, vio su
rostro bien elegante y oloroso a cremas para cabello, le agradó, pero no le
agradaban las ganas de tener que dejar salir su popó. Poco a poco se puso de
pie, y al hallarse ante su madre y el señor peluquero, las ganas hicieron de
las suyas y sin poder detenerlo, el niño de ocho años se hizo popó en el pañal.
El peluquero tenía delante suyo a Alex, y en el espejo de enfrente, podía ver
la espalda y las pompas del niño, marcadas por la división natural, pero luego
comprendió porqué los gestos del niño eran un poco raros, pasaron de estar
serios a como si resistiera la respiración. Pudo ver en su espejo que las
pompas del niño se hicieron redondas, como un pequeño globo, y poco a poco un
evidente olor se mezcló con el talco que le echó al niño en el cuello para
aliviar los malestares de picazón por el cabello.
La madre de Alex reconoció que su hijo se había
hecho popó en el pañal, igual pudo ver que estaba bastante mojado por el bulto
grande entre sus piernas.
En ese momento el peluquero ofreció a la señora
que cambiara a su hijo en su establecimiento. En su interior sentía unas ganas
hermosas de ver a un niño un poco desnudo a quien le limpiarían las secciones
de sus pompas y entrepiernas donde tuviese popó regada. La madre del niño aceptó
gustosa.
Alex obedeció la orden de su madre de recostarse
en la banca larga del peluquero, la que servía para sus clientes; por ventaja,
en esa tarde, no había más personas que la ocuparan.
Seguido la mujer le retiró los zapatos a su hijo,
le dejó sus calcetas. Le desabrochó el botón de su bermuda y la deslizó por sus
piernas, dejando ver el pañal cubierto por su calzoncillo color azul.
Igual le retiró el calzón, dejando ahora el pañal
totalmente amarillo por enfrente, con una mancha que se tornaba un poco oscura,
por la popó mezclada con la pipí.
La señora abrió las cintas del pañal, las que eran
una de cada lado, y bajó la parte frontal, revelando el pene de Alex, que se
encontraba bastante batido solo de talco húmedo y con mucha popó esparcida en
el área de sus pompas. Su madre tomó toallitas húmedas para bebés y le levantó
las piernas a su hijo, dejando ver todas las pompas con popó ante ella y el
peluquero, quien observaba el cambio de pañal a un niño de ocho años. Para el
señor peluquero era una duda hecha realidad, pues en algunas ocasiones de su
vida, había escuchado rumores y comentarios que la mayoría de los niños del
mundo usaban pañales al igual que los bebés, y que cuando se ensuciaban como
había ocurrido en ese instante tenían que limpiarlos con el mismo procedimiento.
La señora
le limpió las pompas a su hijo, retirando los grumos grandes que se habían
pegado un poco a la piel del niño.
Igual le limpió su pene, usando otras toallitas
húmedas, para retirar el resto del talco que se había hecho como grumos blancos.
Alex sentía rico que le tocaran sus entrepiernas, sus pompas y su pene, igual
que un bebé. Le llegaban ricos calambres por las piernas y se disolvían en su
abdomen, eran como un baño de burbujas en la tina.
Cuando estuvo limpio y sin manchas de popó y pipí,
su madre sacó otro pañal que llevaba en su bolsa. Antes de ponérselo, con el
talco de Alex le roció mucho en su pene, regándolo mejor con sus dedos y
dándole buenas caricias; seguido le levantó las piernas y le puso crema en sus
pompas, pasando bien los dedos entre sus líneas para proteger toda la zona. El
señor peluquero veía que el ano del niño a la vista suya iba desapareciendo
conforme los dedos de la mujer esparcían la blanca crema. Seguido, le puso el
pañal de la misma forma que antes de salir, abrochando bien las cintas en la
parte frontal, cuidando que la puntita del pene de su hijo estuviera hacia
abajo.
Al final, Alex se vistió igual que cuando llegó,
cubriendo el pañal con su calzoncillo color azul y su bermuda. Le pagaron al
señor peluquero. La madre de Alex tiró el pañal sucio de su hijo a la basura,
haciéndolo bolita y se fueron caminando tranquilamente, para seguir con sus vidas
igual que todos en el mundo.
FIN
