UNA MAMÁ LE PONE PAÑAL A SU HIJO DE QUINCE AÑOS

 







Una bonita tarde, una sencilla mujer iba con su hijo de quince años, un muchacho a quien ella amaba con locura. Pero ese amor se estaba volviendo un enojo entre ambos, pues el joven se estaba haciendo pipí en la cama todas las noches, y su madre ya estaba cansada de lavar sus sábanas todas las mañanas, por lo que los pañales serían el mejor remedio.

Los dos caminaban juntos en ruta hacia una farmacia, al mismo tiempo que comían un rico helado de vainilla.

Cuando llegaron a la farmacia, el joven vio que su madre se fue de inmediato a la zona de pañales para bebés, donde pudo comprender el motivo por el que iban a ese lugar. Sin decir nada, se quedó mirando cómo su madre recolectaba accesorios para bebés como toda una experta; ya sabía que los pañales eran para él, pero con la finalidad de no seguir haciéndose pipí en la cama, estaba dispuesto a cooperar con el proceso.

La madre del precioso joven echó las cosas al carrito, llevando un paquete de pañales para adultos talla mediana, crema para evitar las rozaduras, talco para bebés con un rico olor, de igual forma una fragancia para la piel con aroma a bebés.

Para que su hijo no se sintiera mal por la compra de esas cosas, su madre le compró unas galletas y un refresco. Luego de eso, regresaron a casa con todo en una bolsa grande.

Cuando llegaron a casa, los dos cenaron unos ricos tacos que compraron a un restaurante, se llenaron mucho, por lo que tendrían que esperar a que se les bajara un poco.

Cuando por fin la cena se les bajó mucho, el muchacho se fue hacia su cama preparándose para la colocación de su pañal. Ahí mismo, el joven se retiró la ropa, su playera morada con estampas en la parte frontal y su pantalón, igual un bonito calzón color celeste, una prenda muy sencilla comprada en los mercados locales, dejándolo todo sobre la cama. 

Se le hizo muy vergonzoso estar desnudo ante su madre, tanto, que con sus manos se cubría un poco su pene cubierto de bello que se iba poniendo erecto con cada pocos segundos, adquiriendo una hermosa forma y dureza, debido a los cambios en su cuerpo todo eso era evidente, todo le había cambiado, su anatomía ya no era la de un niño, era la de todo un buen joven. Sus piernas ya iban camino a formarse como la de los dioses, su pecho era plano, sin muchos bellos, sus pompas bien formadas, no tan grandes ni tan pequeñas daban ganas a cualquiera de tocarlas, meter las manos por su línea. Este chico era tan hermoso que su madre lo reconoció en silencio son una mínima sonrisa, reconociendo que cuando tuviera una edad adulta complacería demasiado a la mujer que le tocara.

Pero por lo pronto, el joven se recostó en la cama, con todo su pene bien duro, estirando sus piernas hacia los lados, permitiendo la vista del lugar donde iría el pañal.

La mujer le puso mucho talco en la zona del pañal, en su pene, frotando con cuidado, sintiendo ese calor que producía la erección del hermoso miembro de su hijo, incluso, sentía ganas de chupárselo, pero se contenía mucho, tratando de no poner su mirada ahí por mucho tiempo. Seguido, de igual forma, la mujer puso mucha crema en las pompas de su hijo, para evitar las rozaduras, pasando muy lentamente sus dedos, en la línea de las pompas, teniendo la facilidad de hacer el deseo de muchas chicas y chicos, tocando el ano de este hermoso chico, cubriéndolo todo con esa blanca y aceitosa sustancia.

Por último, la sencilla mujer le puso el pañal de una forma tan amorosa a su joven de quince años, pidiéndole que levantara sus piernas sobre su pecho, y luego puso el pañal abierto bajo sus pompas; subiendo la cubierta frontal, ajustando bien para que no causara incomodidad a su pene mientras disminuía la erección. Luego pegó las cuatro cintas, haciendo sonar las cintas cuando las fue pegando, una por una, sintiendo que era un poco más laborioso, por ser cuatro y de mayor tamaño, muy diferentes a las de bebés.

El joven se puso de pie, sintiendo el bulto entre sus piernas, la forma en que apretaba el pañal en su cintura, la envoltura del algodón en sus pompas, todo le parecía un poco raro, pero no negaba que ser atendido por su madre en ese estilo era algo maravilloso, que le hallase tocado mucho su pene cuando le puso el talco, sus pompas cuando le puso la crema, sentir que le tocaron su ano, era como ser bebé de nuevo.

Para esa noche se durmió tranquilo.

 

Al día siguiente, el joven vio que amaneció mojado, el pañal ya no era blanco del algodón, sino color amarillo por mucho líquido que sacó mientras dormía. Su madre llegó para ayudarle con el cambio, a lo que así los dos comenzaron otra buena relación como las de siempre, con pañales y con cuidados de bebés.



FIN