Alex
era un bonito chico de diez años que se hallaba ingresando con su madre y sus
dos hermanos al interior de una casa cultural, donde los niños y jóvenes podían
aprender de diversos talleres por las tardes o las mañanas, solo que a Alex le
habían inscrito en un taller por la tarde. Alex iba al taller de modelado de
plastilina, donde le enseñarían a crear bonitas esculturas de sus personajes
favoritos en las películas, como Marvel o DC cómics, y llevaba una mochila
llena de barras nuevas para transformarlas en sus primeras obras.
Cuando llegaron a la casa cultural, se anotaron en
la lista de personas visitantes y se fueron caminando hacia el salón donde se
encontraba el profesor del taller. La señora madre de Alex, una mujer muy
hermosa, joven, se fue con sus otros dos hijos, dejando a Alex contento, quien
se sentó en una de las sillas de en medio del salón.
Pronto comenzaron las clases de Alex, el profesor
les dijo a todos que sacaran sus barras y las fueran usando bajo sus
instrucciones.
Arcadio era un chico de la misma edad de Alex,
quien se encontraba jugando en una zona llena de columpios, túneles y albercas
de pelotas en esa misma casa cultural. Se sentía aburrido, como no habían otros
niños por ese día, la diversión no era mucha y le hacía sentirse muy solo.
Ya había pasado el tiempo, las clases de
plastilina de Alex finalizaron y mientras la madre de Alex volvía, el chico se
fue hacia la zona de juegos, dándose cuenta que en los columpios estaba sentado
otro chico, quien se le hizo muy amigable, y enseguida le fue a hablar.
─Hola, me llamo Alex, no te había visto por aquí,
a pesar de venir casi siempre─.
Arcadio sonrió a Alex, encontrando lo llamativo
del otro chico, reconociendo que podría ser un buen amigo nuevo.
─Yo me llamo Arcadio. Sí, es mi primer día en este
lugar, no hay otros niños con quienes jugar y me siento aburrido─. Dijo
Arcadio.
─Es cierto, yo estaba en mi clase de plastilina,
donde me inscribieron mis padres, por eso no pude venir a saludarte antes o
hacer un juego contigo─. Dijo Alex, sentándose en el otro columpio, poniendo la
mochila con sus materiales en sus piernas.
─¿Clases de plastilina? ¿Qué es lo que enseñan precisamente
con eso?─. Repuso Arcadio.
─Bueno, hoy apenas vimos las formas de los
personajes, los colores más importantes, pero en sí, vamos a aprender a hacer
figuras de personajes, como si fueran muñecos grandes de plástico. Solo mi
profesor nos dijo que primero debemos ver las estructuras, como si fueran sus
esqueletos hechos de alambres para que se puedan sostener─. Dijo Alex.
─Se escucha interesante. Mis padres no me han
inscrito a nada, les voy a preguntar si me inscriben al tuyo, me gustaría hacer
figuras de plastilina como lo que te van a enseñar, también tengo muchas ideas
ahora mismo─.
Alex sonrió a Arcadio, sintiendo que era un chico
agradable. Como era amigable, le gustaba compartir sus cosas, sacó las barras
de su mochila y sentados en una banca, comenzaron a crear figuritas sencillas
con la plastilina, divirtiéndose mucho.
Arcadio hizo unas figuras sencillas, diciendo que
eran los personajes de las caricaturas, no se parecían en casi nada, pero
hicieron reír a Alex, quien hizo otras figuras muy sencillas, como gusanos con
ojos y cuernos.
Tiempo
después…
Alex y su nuevo amigo Arcadio se dieron cuenta que
sus padres habían llegado. Alex guardó las plastilinas en su mochila,
llevándose las que hizo Arcadio, prometiendo no destruirlas para que fueran un
bonito recuerdo, en caso no volvieran a verse. Luego se fue con su madre.
Arcadio hizo lo mismo, se fue con sus padres cuando se aproximaron a la casa
cultural en el auto; abordó y cada uno se fue a su casa.
Al día siguiente por la tarde, Alex llegó a la
misma casa cultural, ingresando a sus clases de plastilina, divirtiéndose mucho
con sus otros compañeros del taller, al igual con su profesor, quien dictaba
los pasos y cada vez avanzaban más.
Al final del taller, Alex salió hacia la misma
zona de juegos, apreciando que ahí estaba Arcadio. Los dos se sonrieron
felices, se dieron un breve abrazo.
─Que bueno que volviste─. Dijo Alex.
─Si, mis padres me traen aquí cuando se van a su
trabajo por las horas de la tarde, las últimas dos que hacen del día─. Dijo
Arcadio.
─¿Y qué te dijeron del taller de plastilina donde
estoy yo? ¿Te van a inscribir?─. Dijo Alex.
─Les dije, pero lo están pensando, por el tiempo,
aunque puede que sí me inscriban─. Respondió Arcadio.
─Bien, mientras tanto, juguemos así como ayer. No
pude traer tus figuritas, se quedaron en mi casa, pero puedes hacer unas nuevas
e igual las guardo─. Dijo Alex.
─Muchas gracias, sí, me encantaría jugar de nuevo
a eso─.
Alex sacó sus barras nuevas y usadas, compartiendo
con Arcadio, creando inventos divertidos.
Hicieron eso mismo por las dos horas libres que
Arcadio podía estar ahí.
Finalmente, llegaron por los dos.
Esos juegos divertidos juntos bastaron para crear
una bonita amistad. Alex estaba pensando en invitar a su amigo Arcadio a su
casa para poder pasar más tiempos juntos con las plastilinas, o con cualquier
otro juego…
CONTINUARÁ
PRONTO…