Parte 3
Le ponen pañal a Arcadio
La
enorme sorpresa de Arcadio fue ver a su nuevo amigo totalmente desnudo, con sus
bonitas piernas bien carnudas levantadas, mostrando todo de sus pompas y
también el haberle tocado su suave ano. Pero la sorpresa más grande vino cuando
se dio cuenta que las cosas que traía la madre de Alex era un pañal, una
botella con talco y un sobre con toallitas húmedas ya abierto.
─¿Son
para el hermanito de Alex esas cosas, señora?─. Preguntó Arcadio, con su bonita
voz, totalmente angelical.
La
madre de Alex sonrió, y le respondió:
─No,
el pañal es para ponérselo a Alex, es por eso que se ha quitado la ropa─.
Arcadio
se quedó sorprendido, la única dirección en la que puso su mirada fue hacia el
pene de Alex, quien se lo estaba tocando para rascarse.
─Alex,
hijo, te voy a dar un baño antes de dormir─. Dijo la mujer.
─Espéranos
un momento, amigo─. Dijo Alex, quien se iba caminando desnudo con su madre en
dirección al baño.
Arcadio
se quedó sentado en la cama, pensativo. Cuando Alex y su madre ingresaron al sanitario,
ahí comenzaron a hacer todo el conocido proceso de algo como eso.
Mientras
tanto, Arcadio se rascaba la nariz, sacándose los mocos. Ahí le dio curiosidad
de ver el pañal blanco y verde que le iban a poner a su amigo; con una mano lo
sostuvo y rápido comenzó a observarlo, sintiendo el perfume de ese objeto, era
tan suave, con una capa de algodón gruesa. Le comenzaron a invadir las dudas de
qué se sentía dormir con un pañal puesto, sobre todo a esa edad, porque no
había visto a otro niño de sus edades que usara pañales por la noche, esa
ocasión con Alex, era la primera.
Un
ratito después, Alex salió del baño envuelto en su toalla colorida de personajes
de Disney, iba caminando lento para no resbalarse. Arcadio le vio y los dos se sonrieron.
─¿Está
fría el agua?─. Preguntó Arcadio a su amigo.
─No
mucho, pero te acostumbras cuando ya te has echado un poco encima─. Respondió
Alex.
─Arcadio
si gustas, te puedo dar un baño para que duermas fresco─. Dijo la mujer.
El
niño se sonrojó al escuchar la propuesta, pero luego se animó, y le dijo que sí
a la madre de su amigo.
─Bien,
solo permíteme ponerle el pañal a Alex y luego nos vamos a bañarte─.
─Está
bien.
Alex
se acostó en la cama, para que su madre le secara su hermoso cuerpo de niño, y
ella le frotó la toalla sacando todo resto de humedad en sus piernas, su pecho
delante y atrás. Luego fue con abrir el pañal, no sin antes echarle talco en su
pene, frotando con la mano; también le puso crema en las líneas de sus pompas,
cubriendo su ano, y esta vez, por ahora, ya no habían restos de popó en esa
zona, por el buen tallado que le hizo la mujer con abundante jabón. Finalmente,
el pañal fue puesto bien simétrico cuando le levantaron las piernas a Alex,
poniendo la puntita de su pene hacia abajo.
Arcadio
escuchó el sonar de las cintas del pañal de Alex, por una rara emoción, le
estaban dando ganas de pedir que le pusieran uno de esos pañales. Se quedó
observando la forma en la que el pañal le envolvía las pompas a Alex, cómo le
cruzaba por las piernas. Se le hacía muy raro todavía, hasta donde llevaba
viviendo, lo máximo visto en otros niños, era verles en calzones, no en
pañales.
─Bien,
vamos a darte un baño, Arcadio─. Dijo la madre de Alex.
Arcadio
comenzó a quitarse la ropa sin mucha pena, también le daba emoción que la
bonita mujer y su amigo le viera desnudo. Así que rápido se sacó el pantalón,
la playera, dejando ver su bonito calzoncito, color gris en la parte de sus
pompas y celeste por su pene.
Seguido,
después de poner esas dos prendas en la cama de Alex, sosteniendo su calzón por
los elásticos de la cintura, le dio un tirón hacia abajo, sin tardar en pasarlo
por sus pies, quedando la prenda en forma de un 8 por haberse enrollado.
─Que
bonitas piernas tienes, Arcadio─. Dijo la madre de Alex.
─Gracias.
La
mujer le dio la mano y juntos se fueron caminando hacia el baño. Ingresaron y
le indicó al niño que se quedara de pie en el área de la regadera.
Arcadio
así lo hizo, se quedó desnudo, con su pene poniéndose un poquito erecto por la
pena, de estar así en el primer día de llegar a la casa de su amigo. Mientras veía
a la mujer preparar todo, se quedó rascándose las pompas.
Dos
minutos después, la madre de Alex comenzó a echarle agua a Arcadio, primero en la
cabeza. Luego se fue hacia el pecho, la espalda, sus piernas. En las manos puso
la misma cantidad de jabón, y la comenzó a volver espuma en los cabellos de
Arcadio. Con esa misma espuma le lavó su pecho, pero puso más jabón para
lavarle sus pompas.
Arcadio
sentía rico cuando las manos de la mujer iban por sus piernas, le daba
cosquillas; pero sintió muchas más cuando le frotaron por las líneas de sus
pompas, tocando su bonito ano. Por últimos pasos, la mujer le lavó el pene,
retirando el prepucio hacia atrás. Arcadio sentía rico, le daban ganas de reírse,
incluso lo hacía, parecían cosquillas en su estómago, era tan delicioso sentir
las manos de la mujer tallarle esa sensible y cosquillosa parte.
Finalmente,
terminaron de bañar a Arcadio, el agua y espuma se fueron por la coladera.
El
niño salió envuelto en una toalla prestada por Alex.
Arcadio
llegó al cuarto, se sentó unos segundos mientras volvía la madre de su amigo.
─Y
dime, ¿estuvo fría el agua?─. Preguntó Alex, sonriente, quien seguía con su
pañal puesto, pero todo era cubierto por una bonita pijama de rayas, que bien
parecía un mameluco.
─No
mucho, está fresca. Tus jabones huelen bien rico, son toda una mezcla de frutas
en uno─. Respondió Arcadio.
Alex
sonrió. Como buen amigo se ofreció a acercarle las prendas de ropa que le
habían quitado a Arcadio, para que él se las volviera a poner, incluso mientras
estaban en la regadera, le devolvió la forma al calzón, encontrándose igual con
una manchita de popó en la línea de las pompas de Arcadio.
Arcadio
pensó que quizás podía pedir ser puesto en un pañal así como su amigo, era el
momento de hacerlo, si llegaba a vestirse con su calzón, el pantalón y la
playera sin pedirlo, todo quedaría en puras ganas, y para volver a dormir en
casa de Alex por otra noche, quizás sería muy duradero. Entonces, le dijo a su
amigo:
─Alex,
le podrías decir a tu mamá que…
Se
interrumpió Arcadio cuando la madre de Alex llegó a preguntar:
─Arcadio,
¿quieres usar pañal para dormir así como Alex?─.
Arcadio
se sorprendió mucho, pareció como si le hubiesen leído la mente. Su respuesta no
tardó en ser revelada.
Así
como había salido de la regadera, con su bonita y blanca piel olorosa a jabón
de frutas, a Arcadio le pusieron las mismas lociones en su piel: crema fresca
en el pecho y espalda, talco en su pene bien limpio y crema para prevenir las
rozaduras en su ano, igual más en sus entre piernas; finalmente el pañal.
─Se
sienten bien los pañales─. Dijo Arcadio, feliz, tocándose el que le pusieron. Cuando
se terminó de vestir con la ropa, con su calzón únicamente para dormir fresco,
la madre de Alex les deseó dormir bien y no se quedaran conversando mucho
tiempo. Y se fue.
Alex
y Arcadio se quedaron conversando ahí en la oscuridad por una media hora, pero
luego les venció el sueño. Fue Arcadio quien se quedó hablando como loquito,
pero comprendió que Alex ya dormía profundo cuando no obtuvo respuestas de
nada.
Horas después…
Arcadio
estaba durmiendo bien profundo, pero ese descanso se le volvió algo raro que le
obligó a despertar, porque en el buen ambiente del cuarto de Alex, comenzaron a
haber raros olores, parecía que una alcantarilla se había abierto, era un olor
muy fuerte. Rápido recobró la consciencia, abrió los ojos, resistiendo un poco
la respiración para no sentirlo.
Le
tocó la espalda a su amigo para despertarle y preguntarle qué era ese mal olor,
pero al levantarle las sábanas a Alex, el aroma provenía de ahí donde Alex
dormía boca abajo.
Seguido,
Arcadio puso la mirada a las pompas de Alex, las cuales parecían tener una bola
redonda por dentro, como si un topo hubiese dejado la tierra levantada. No lo
podía creer, al parecer Alex se había hecho popó en el pañal, esa fue la lógica
más extrema que pudo entender a su edad; por eso Alex usaba pañal al dormir, le
parecía impactante, era como encontrarse un tesoro.
¿Y ahora qué?
Se
preguntó Arcadio…
