La
arena de una playa se sentía bastante bonita, era una sensación de suavidad,
áspera, fría y tibia, todo eso al mismo tiempo. Esto lo podía percibir un
bonito niño que iba caminando en esa misma playa, quien sentía cómo se le metían
los granitos de la arena entre los pies sin zapatos. El bonito niño de este
cuento iba caminando hacia la orilla de la playa, donde reposaban unas inmensas
rocas, rodeadas de otras rocas más pequeñas; ese era el lugar favorito de las personas
que les gustaba la pesca, porque el agua era la apropiada para que los peces pudieran
ser pescados, además, otros niños podían nadar en un área especial, por los
corales y conchas.
Cuando
el bonito niño de este cuento llegó a la zona de las rocas, rápidamente se
empezó a despojar las prendas que estaba usando. Apoyándose en una roca grande,
puso sobre ella su playera, su pantalón corto, quedándose en un bonito calzón
color celeste por toda la zona de sus hermosas pompas, azul marino en los
laterales, y por enfrente también color celeste. Éste hermoso niño se veía tan
genial en esa prenda, quien provocó que las niñas en la orilla de la playa le
voltearan a ver, ellas se emocionaran por ver a un niño en esa prenda interior.
El
bonito niño de este cuento comenzó a jugar en la orilla de la playa,
disfrutando de las olas cuando llegaban a hacerle rodar. Le daba risa que la
arena del mar se le metía dentro de su calzón, haciéndole parecer que se había
hecho popó; pero de vez en cuando, por la humedad, la tela le llegaba a
transparentar mucho las hermosas partes íntimas de su cuerpo.
Pasó
un pequeño tiempo, el niño de este cuento hizo amistad con las niñas y otros
chicos, quienes igual usaban prendas similares para bañarse, unos colores
verdes y blancos.
Al
bonito niño de este cuento cuando le dieron ganas de ir al baño para hacer
pipí, pudo liberar esas mismas ganas en su bonita prenda interior, sin que los
otros chicos se dieran cuenta; quizás las otras niñas y niños también se habían
orinado encima con anterioridad, pero la humedad del agua del mar ocultaba
cuando se habían hecho en su traje de baño. Al bonito niño de este cuento le
gustó hacerse pipí ahí en la prenda de tela, porque el calor de su pipí
amarilla y que a veces salía transparente, se le iba resbalando por las piernas
y le daba cosquillas, le erizaban la piel de su pecho, incluso, se le acumulaba
en la tela de su calzón que envolvía sus pompas, se le hacía un bulto colgante,
así como cuando la arena se le metía. Sus gases no se quedaban adentro de su
cuerpo, igual salían, pero el bonito niño era bastante cuidadoso en que no
sonaran fuerte, además, el mar hacía sonidos cuando los arrastraba hacia la
orilla en sus juegos, ayudando en el secreto.
Una hora y media después…
Cuando
todos estos agradables niños tenían que irse a reunir con sus familiares, un
par de niñas, le preguntaron al bonito niño de este cuento si le podían tocar
sus piernas, sus pompas y su pene. Y él les dijo que sí.
Así
que ellas llevaron sus suaves manos hacia las pompas y pene de este niño tan
hermoso, frotando la humedad de su calzón que protegía todo eso; cuando
metieron la mano por el elástico de su cintura y el de sus testículos,
sintieron lo suave de su pene cuando hicieron presión; una de esas niñas le
metió la mano por dentro del calzón para acariciarle las pompas, llegándole a
tocar su suave ano, el cual por ahora no estaba manchado de popó, por el tiempo
en el agua, ya se había lavado todas esos pequeños restos de suciedad. Que le
tocaran su ano le dio muchas cosquillas al niño de este cuento, sacándole
carcajadas, poniéndolo rojo como un tomate. Después de eso, las niñas se
fueron, igual los otros niños.
Al
bonito niño de este cuento le dejaron un poco solo en la orilla, sí había otros
niños jugando en la misma playa, pero estaban muy lejos de su punto de
diversión, y le daba un poco de miedo que el mar le jalara hacia las
profundidades o que un tiburón viniera y se lo comiera.
Pero
antes de irse totalmente los otros niños y niñas, sobre todo las niñas, al
bonito niño de este cuento le dijeron unos enormes cumplidos:
“te ves muy bien con tu calzón”
“tu pene se marca un poco bajo ese calzón que te
pusiste, pero se te ve bien bonito”
Luego
éste bonito chico se quedó sentado sobre una roca plana, donde pudo descansar
un poco, disfrutando del viento fresco, incluso sacando las últimas ganas de
hacer pipí sobre su calzoncito que decidió usar para bañarse.
Minutos
después, a la zona donde estaba este hermoso niño, llegó un hombre que tenía
una barba tan larga llena de canas, quien parecía casi un anciano, pero
conservaba su firmeza como un joven. Éste mismo señor, al ver al bonito niño de
este cuento, le preguntó:
─Hola,
bonito niño, ¿qué estás haciendo aquí tan solito?─.
El
niño le sonrió, y le dijo:
─Vine
a divertirme a la orilla cuando estaban otros niños, pero ya se fueron. Estuve
jugando con ellos, pero creo que también ya me iré, supongo que mi padre ha de
estarse preguntando por mí.
El
hombre sonrió de nuevo; de repente giró la cabeza hacia la zona donde había
casas y palmeras, observando a una persona venir hacia ellos, era otro hombre,
pero más joven, quien en su porte adulto, era bien parecido al hermoso niño de
este cuento.
─Niño,
¿no es tu padre ese que viene ahí? Se parece mucho a ti─.
El
bonito niño se puso de pie, sintiendo que hasta su calzón se había escurrido de
toda el agua, pero no estaba seco; incluso se le había metido en la línea de
sus pompas, y se lo sacó de un pellizco. Y respondió:
─Si,
ese es mi padre─.
─¿y
qué es lo que trae en la mano?─. Preguntó el hombre, muy sorprendido.
─Es
un pañal, me lo va a poner, porque ya ha de saber que quiero hacer popó, además
le dije eso antes de salir de mi casa─. Dijo el bonito niño de este cuento.
─¿Tú
usas pañal?─. Repuso el hombre.
─Si.
─¡Qué
sorpresa, nunca en mi vida supe de otro niño de tu tamaño que use pañales y
además se haga popó en ellos. Felicidades, me recordaste algo muy especial en
mí, amiguito, espero siempre te dejen en pañales─. Añadió el hombre.
El
bonito niño de este cuento no dijo nada a eso, solo se quedó sentado sobre la
roca plana, con las piernas abiertas colgando, sonriente al ver a su padre
venir caminando con un pañal en la mano.
Segundos
después, el señor que parecía un anciano se fue hacia la zona de pesca,
preparando sus equipos.
Al
bonito niño de este cuento le dieron la orden que se quitara ahí mismo el
calzón que se puso para jugar en la orilla de la playa. Éste obedeció la orden.
Al hacerlo se quedó totalmente desnudo ante su padre, pero no le daba vergüenza,
y él le puso el pañal al pedirle que se acostara sobre la piedra.
Fue
un poco difícil lograr la colocación de ese pañal porque la piedra era rasposa,
pero al final lo consiguieron. Era un bonito pañal para bebés el que le
pusieron al bonito niño de este cuento.
Todo
eso lo había visto el señor pescador desde lo lejos; le pareció tan mágico, tan
cercano ese encuentro, tan angelical esa escena. Justo ahí recordó su propia
vida, cuando hacía años en su propia existencia, vivió cosas parecidas con los
pañales, había sido un niño tan bonito como ese al que vio en su calzoncito, luego
desnudo, luego ser cambiado de unas enormes manchas de popó; claro que también
sintió los olores a esa suciedad desde su distancia, por el viento que soplaba
fuerte a esa hora, pero fue magnífico, valió la pena semejante espectáculo.
Al
bonito niño de este cuento no le limpiaron mucho sus pompas, ya que el agua del
mar ayudaría en borrar las manchas de suciedad en su piel y la tela interior
del calzón celeste.
El
señor pescador bendijo la vida de ese hermoso niño.
FIN
