QUIQUE, LAMENTO ESTO, Parte 2 - Final COMPLETO










Parte 2

 

La colocación del pañal enfrente de Mario

 

 

Después que a Enrique le habían hecho ver que le habían comprado pañales para dormir esa noche, el silencio seguía siendo fuerte, apenas habían pasado casi dos segundos donde los tres presentes en la habitación del chico, no decía nada.

Entonces, claramente Enrique se propuso comenzar con sus negaciones, y le dijo a su madre:

“No me vas a poner esos pañales, no quiero dormir con eso.

“Si te los voy a poner, ya estoy aburridísima de estar lavando las sábanas cada mañana, todos los días es seguro que te amaneces así y soy yo quien tiene que estar lavando las sábanas, ya me tienes cansada.

Mario observaba las expresiones de la madre de su amigo, y también veía las cosas, como el paquete de pañales, el tubito de crema para evitar las rozaduras y el talco que hasta a él se le hacía fresco. Le era sorprendente que a las edades que llevaban, de casi once años, a los chicos les pusieran pañales cuando se mojaban involuntariamente en la cama, le era alucinante, hasta se le ponía erizada la piel de sus anchos brazos por si fuera él quien estuviera en esa situación.

“No mamá, no quiero usar pañales, no me voy a dejar. Decía Enrique, sentándose en la cama, cerca de las almohadas, cruzando los brazos.

“Bueno, no quisieras hacer una escena enfrente de Mario, y de todos modos, ya no importa que Mario lo vea, porque por ser así de grosero, no le pediré a Mario que se vaya, va a tener que ver cuando te ponga el pañal.

Enrique era un chico siempre obediente, pero esa ocasión había hecho que su madre se enojara mucho, ella no estaba dispuesta a negociar con nada, había invertido su dinero con el que bien hubiesen traído mejoras para la casa y todos ellos, quizás como alimentos, reparar algo o simplemente ahorrarlo, pero no, tuvo que decidirse  a comprar pañales para las noches, y tenía que valer la pena.

“Te voy a poner el pañal ahora mismo porque ya es noche, y tenemos que dormir.

Mario se acordó de las buenas ayudas que siempre Quique le daba, las tareas y las salidas que le proporcionaba, y también se acordó de que estaba buscando la oportunidad perfecta para ser solidario con algo, tener una forma de demostrarle que siempre iba a estar con él en todo momento. Incluso, se acordó de cuando se puso a hacerle burla a su amigo cuando jugando en la calle fútbol con los demás chicos, les dijo a todos que Enrique se había sacado un gas sonoro. Entonces, sintiéndose mal, y ayudando a que su amigo se sintiera bien, le dijo a Quique, dándole un breve abrazo:

“Vamos Quique, ponte el pañal incluso delante mía, no va a haber problema, yo jamás se lo voy a decir a nadie, te lo prometo.

Enrique estaba muy incómodo, pero la mirada de Mario le hizo sentir un poco de conformidad. Incluso hasta él se sentía cansado de tener que amanecer así por las mañanas, y ya que le habían traído una solución no se sentía tan convencido, pero no quiso que su madre le fuera a dar unos azotes con el cinturón como en otras ocasiones.

“Está bien, ponme el pañal.

Dijo Enrique, aproximándose a la altura de su madre, ahí acostado en la cama. Mario se quedó sonriente, su mirada era pícara, disfrutaba de tener asientos en primera fila para poder visualizar ese inolvidable instante.

 

Enrique no negaba que esa sensación de que su mejor amigo en todo momento, lo fuera a ver desnudo era excitante, unas ricas cosquillas le llegaban a su pelvis. Entonces la madre del chico abrió por fin la botella con talco y el tubito con la crema.

Mario no despegaba la mirada de la zona donde sabía que iban los pañales puestos, por supuesto que sí quería verle el pene a su amigo. Seguido, las manos de la madre de Quique llegaron a los elásticos de la bermuda del chico, y poco a poco le fueron bajando la prenda, permitiendo la vista a Mario del calzón de tela que cubría toda la intimidad del chico protagonista de esta bonita historia. Mario se dio cuenta que Quique tenía un bulto bastante marcado, al menos cuando fueron los días en que jugaron en las tardes de lluvia, sin jugar en calzones, se pudo dar cuenta que las bermudas de Enrique permitían la vista de su bulto, sus testículos se marcaban mucho y también el grosor de su pene, como lo era en ese instante.

Enrique observaba a su madre, deseaba que cambiara de opinión, pero la mirada de la mujer seguía siendo directa y dispuesta. Así que lo siguiente, fue que la mujer volvió a poner sus dos manos para quitarle el calzón de tela al chico. Quique sintió las manos de su madre irle sacando el calzón por entre las piernas con fuerza, dejando ahora su pene expuesto, el cual se iba estirando, tomando aire, tomando su forma normal de haber estado bajo un poco de presión. Mario sostuvo el calzón de su amigo, viendo que parecía un 8 por los enredos al salir por las piernas. Sonrió, y volvió a poner su mirada en el pene de su amigo, el cual fue bañado con talco color blanco, mientras que la mano derecha de la madre de Quique iba regando la zona por toda esa suave y bonita piel.

Quique sentía roco que le pusieran talco en su pene, cosquillas salían de sus testículos y se regaban por todo su cuerpo, eran ricas ondas de placer.

“Levanta tus piernas, te voy a poner crema en tus pompitas, así no te vas a rozar.

Dijo la madre de quique. Y su hijo, aún con pena por el hecho que Mario seguía observando con gran sonrisa, accedió a hacerlo. Para quique hacer eso era como sentirse torpe, nunca le habían puesto un pañal, y su madre bien recordaba cómo hacerlo, no era tan diferente a hacerlo con bebés o los niñitos. Entonces, cuando la mujer tuvo las pompas de su hijo a la vista, presionó la botella con la crema, sacando una buena cantidad, y con dos dedos, la fue untando en toda la línea de las pompas, sin olvidar, claro, frotar bien y suave por el ano del chico, una zona mucho más suave, tibia que se movía como si fuera un par de labios por tener contacto con sus dedos. Aunque ella no dijo nada por ver eso.

Cuando el pene y el ano de enrique estuvieron bien cubiertos por crema y talco, entonces la mujer abrió el pañal que había sacado de la bolsa hacía minutos. Lo abrió a toda su capacidad y le sonrió a Mario, quien observaba lleno de emoción y orgullo. Quique solo esperaba con las piernas abiertas, lleno de placer por las cosquillas que habían recorrido todo su cuerpo, nunca había sentido eso, parecía que lo hubieran masturbado con ponerle talco y crema, y vaya que ya sabía cómo los niños, los varones podían darse buen placer.

La mujer volvió a levantarle las piernas a su hijo, sin esfuerzo porque Quique cooperaba. Puso el pañal bien centrado, esperando que le fueran a quedar más que bien. Bajaron sus piernas, las pompas estaban bien posicionadas, serían cubiertas por una buena capa de algodón, que tenía la forma de casi una toalla femenina y envolvía bien el pene y entrepiernas de Enrique.

Al cerrarle las dos cintas, fue así que Quique se puso de pie, y su madre se llevaba las cosas para tenerlas ahí mismo en el cuarto. Serían muchas noches iguales, así que debían estar cerca.

Mario estaba feliz por todo lo que había visto, por fin se le había cumplido su deseo, poder ver los tipos de calzones que usaba Quique, verle todo su pene así como se lo imaginaba nada más, sus pompas, visualizar su ano, por donde había salido aquel gas cuando jugaban, donde le pusieron crema blanca.

“¿Qué se siente el pañal? Preguntó Mario, incluso dándole palmaditas en las pompas a Quique.

“Se siente bien, aunque estorba para caminar, y la crema parece que es de menta porque como que arde un poco.  Dijo Quique, intentando rascarse el interior de sus pompas, por su ano, pero el pañal tenía buen grosor de algodón y solo sentía pellizcarlo.

“Quique, mañana te voy a bañar y te voy a lavar bien tus pompas, vi que tienes unas pocas manchitas de popó y voy a lavarte bien tu ano. Bueno, los dos a dormir ahora.  Dijo la mujer.

Enrique se puso de nuevo su bermuda. Aceptó el beso de buenas noches que le dio su madre, se metió a la cama cubriéndose con la sábana, haciendo que Mario dejara de ver todo el relleno, el bulto que Quique tenía en la zona de su pene y pompas.

“¿Te gustó que te pusieran ese pañal?  Preguntó Mario.

“Fue raro, e incómodo aunque estuvieras mirando, pero si, puedo acostumbrarme. Solo recuerda no decirle a nadie que viste que me pusieron pañal.  Dijo Quique.

“No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo.




FIN