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Retomando el control
El
joven Gabriel, conocido en su propia casa como el bebito gigante continuó usando sus pañales como debía ser. Apenas
de ese incidente, cuando Gabriel se hizo popó en el calzón, la señora Érika se
había sentido impactada, daba poco crédito a ese cambio; también se sentía
atacada en su propio juego, tantos pensamientos de ese estilo le hacían saber
que pronto sería su hijo quien tendría el mayor dominio, no quería que todo eso
se volviera un pesar sin fin.
Lo
único que hizo ella fue continuar en los cuidados hacia su hijo: cada que su
buen chico se hacía pipí en el pañal y lo llenaba mucho, rápido accionaba como
siempre en los cambios, limpiándole su pene y pompas con toallitas; si se hacía
popó, también le cambiaba como el proceso demandaba para un bebé de su gran
tamaño. Solo se aseguraba que cada descanso sin pañal, fuera de poco tiempo,
así su joven no se haría en su calzón como aquel día. Y vaya que sí pasaba,
cuando Gabriel sentía ganas de hacer pipí, aunque no tuviera el pañal y fuera
por unos 20 minutos de descanso, liberaba las ganas en su calzón de tela aunque
fuera un poquito, después de todo, valía la pena ser un bebito gigante.
Gabriel
amaba cada momento con su madre, ahora era más feliz con cada cambio de pañal.
Cooperaba sin problema alguno, cada día después de la escuela, rápido se sacaba
el uniforme, su calzón y permitía a su madre la colocación del pañal.
Solo
fueron 11 días desde aquella impresión de la señora Érika, y las cosas en casa
parecían marchar bien, de nuevo como un par de amigos, conversando temas
bonitos y emocionantes, terminando todo en una revisión de pañal, en el que la
bonita mujer se concentraba muy bien para no dejarle restos de aromas a pipí ni
popó en toda la zona del pañal.
El
detalle principal en esos 11 días en que la madre de Gabriel hacía todas sus
acciones como madre responsable de un bebé gigante, su silencio y muchas dudas,
era que buscaba poder retomar su rol imperativo así como en los primeros días,
cuando solo se trataba de impulsar a su joven hijo a desnudarse para ponerle el
pañal, usando todos los elementos infantiles en los que había invertido con su
esposo un buen de dinero, sobre todo en los muebles. Ella afirmaba que era un
cambio en el que a su hijo, se le había vuelto un placer, y para su carácter
adulto competitivo, tenía que buscar la forma de dar combate y no terminar
perdiendo, quizás invirtiendo mucho más de lo que nunca pensó, y eso le daba
miedo.
Entonces,
en el día número 12, cuando estaban en casa por la tarde, resguardados de la
sonora lluvia con viento y relámpagos, después de haber comido en casa un rico
pescado empanizado con verduras y ricas salsas, un poco de sopa, la señora
Érika dejó a su bebé gigante durmiendo en su cama y se fue a tomar consulta
privada con las mismas personas que le proporcionaron las cosas para el estilo
de vida de su buen hijo.
Ya
en privado, en sus sillones de lectura, sentada con un buen café para ir
reposando la comida, les llamó para hacer la cita, les explicó la situación
cuando todo se le empezó a salir de las manos, y escuchando atenta al ejecutivo
de INFANTEX, se quedó en silencio, y la persona, una mujer, le dijo:
─Entendemos
su caso maestra Érika, permítanos aclararle que ese comportamiento es bastante
común en los chicos a los que se les debe poner solución rápido. Hemos tenido otros
casos en los que los chicos se van de la casa, rompen cosas, incluso, terminan
requiriendo más elementos para el castigo. Nosotros le recomendamos que
incremente su nivel de seriedad, busque la fuente de inspiración de su hijo
para ser así y entonces, cuando lo tenga detectado, puede decirnos y nosotros
le daremos la guía─.
La
madre de Gabriel se quedó pensativa por unos cinco segundos, analizando desde
aquel día cuando su joven se hizo popó en el calzón mientras volvían a casa,
pero no podía encontrar ese suceso que detonó su fácil modo de ser infantil,
tenía muchas dudas, y expresó la primera:
─¿Puede
decirme si mi hijo ha encontrado la forma de disfrutar todo esto?─.
La
mujer de la empresa le dijo:
─Es
posible, como le comentamos desde el inicio, a los chicos que les gustan los
pañales, puede llegarles el momento de que realmente acepten el castigo y lo
hagan parte de su vida, ese puede ser el caso de su joven─.
La
señora Érika volvió a decir:
─¿Puedo
saber de alguna forma, si mi hijo está fingiendo disfrutar todo esto?─.
Le
respondieron:
─Depende,
si usted ve que su hijo se pone tenso, no coopera en cierto sentido, no cede ni
cuando le pone su pañal, entonces no lo está disfrutando─.
La
madre de Gabriel se quedó pensativa, teniendo en cuenta el lenguaje infantil de
su joven, su forma de hablar en diminutivos y la constante de ensuciarse en los
calzones y los pañales, con eso en mente, negó que su hijo lo estuviera pasando
mal. Luego volvió a preguntar:
─¿Tiene
remedios para saber cómo se animó a cooperar? ¿Habrá alguna forma de saberlo?─.
La
mujer de la empresa le dijo rápidamente:
─Si.
Afortunadamente contamos con tecnología que nos permite saber el comportamiento
de su hijo, es decir, si su joven ha investigado por su parte, hablado con
otras personas, podemos decirle a usted y pasarle las fuentes. Porque siéndole
sinceros, cuando otras personas aportan con sus experiencias a jóvenes como el
suyo, pueden causar problemas, ahí está una oportunidad para usted y ser la
madre autoritaria con su hijo─.
La
madre de Gabriel se sintió maravillada, justo eso era lo que quería, y
entonces, le dijo:
─¿Y
cómo es el proceso?─.
─Es
simple, usted solo debe de tomar todos los dispositivos electrónicos de su
hijo, y nosotros haremos el acceso desde aquí, ingresaremos a los sitios web
donde ha visto temas y le pasaremos las fuentes. Cuando usted haya visto cual
es el problema, podremos darle soluciones. Por ejemplo, podemos bloquear todos
los sitios que ha visto su hijo, para que no pueda volver a entrar y no le
causen problemas. Además, otorgarle más control sobre de él para que olvide su
mal comportamiento; mire… actualmente tenemos unas pastillas llamadas
DIAPERIDOL, que causan una actitud más tranquila en los chicos, y con eso ya no
hacen cosas malas, los adultos pueden manipularlos y ser sus padres
completamente, sería su bebé ideal, el tiempo que usted quiera y se las de a
beber en cualquier leche o jugo. Eso le vendría bien a su hijo… desde esta
óptica, su hijo no se metería en problemas mayores como lo que hizo con sus
vecinos, y no estaría en contacto con otras cosas que le puedan hacer salir de
control. Mientras, sería útil que nos enviara fotos de él con sus pañales y en
sus actitudes, también podríamos detectar y predecir más sobre él…
Fue
en ese instante cuando la señora Érika se quedó dispuesta a continuar con el
castigo de Gabriel teniendo ella el poder. Eso era lo que estaba buscando,
cualquier herramienta que le otorgara un hijo noble, que siguiera sus órdenes y
sobre todo no se metiera en cualquier otro problema. Antes de cerrar la llamada
con la empresa que le rentaba los muebles infantiles y le proveía con tres
cajas de pañales a la semana, hizo otro pedido de más pañales talla mediana,
con colores celeste y blanco de buena absorción de noche y de día para su
bonito joven.
Al
final de la sesión, se fue hacia el cuarto donde dormía su bebito gigante. Al
entrar a ese espacio totalmente infantil por la cama con similitud a una cuna,
y el cambiador con gavetas, el suelo y el perfume infantil, se pudo percatar
que su bebito gigante ya se había hecho en su pañal, por el fuerte aroma a popó
en el aire, casi encerrado. Por esos segundos no le dio importancia, viéndolo
dormir o terminar de dormir, así como cualquier Dios despojando de las armas a
sus oponentes, se llevó la computadora y el celular, sin que le importara la
idea de no recibir mensajes de su hijo por varios días…
Al
regresar, ahí vio la oportunidad de dominio que deseaba, cuando su bebito
gigante estaba sentado en la cama, buscando con las manos su amado celular.
Ella sonrió, le dio alegría, hasta le valió nada
que toda la popó se le hubiera batido en el interior del pañal a su hijo, y aunque
a ella se le batieran los dedos un poco como siempre, valdría la pena limpiarle
todo.
─Mi
bebito gigante ya despertó, ya es tiempo de cambiarte ese pañalito, huele muy
feo aquí, seguro te has hecho mucho─.
Gabriel
estaba nervioso, hasta pensaba que había perdido su celular en la calle u otro
lado; sus nervios le hicieron perder el interés de sentir toda la suciedad
batida en el interior de su pañal.
─¡No
encuentro mi celular, creo que lo perdí!─.
La
señora Érika apreció el cambio de voz, ahora habló como un buen chico de 16
años. Y le dijo:
─No
te preocupes, mi bebito, ya aparecerá─.
El
joven vio a su madre con una mirada sospechosa, no sabía si ella se lo había
llevado o si realmente lo perdió en alguna parte, sus ojos solo veían a todas
partes en su cuarto.
─Bien,
sal de la cama para que te limpie─. Repuso la mujer.
Gabriel
salió de su cama, en pocos pasos llegó al cambiador y se subió, acostándose,
preocupado por su celular, si no aparecía, no podría seguir leyendo los temas
en internet que tanto le inspiraban a ser como era ahora.
La
señora Érika acomodó a su joven con las piernas abiertas, y le fue sacando el
pants estilo deportivo que usaba, con hacerlo tuvo la vista del pañal sucio,
mal oliente, que si no fuera por el calzón de tela encima, tendría la cubierta
de algodón amarillo y marrón. Pero no tardó en quitarlo, arrojó el calzón y el
pants sobre la cama, y fue despegando las cuatro cintas del pañal, para bajar
la parte frontal. Al hacerlo, tuvo el pene flácido de su joven creciendo poco a
poco en su tamaño, dejando de estar con la puntita hacia abajo, para ir tomando
dureza, igual a una cobra reconociendo a su oponente. También justo ahí le
llegó a su olfato toda la fragancia de la popó, la pipí mezclada de su joven
hijo de 16 años, su bebito gigante, a quien obligaba en todos los sentidos a
ensuciarse así, pero la alegría de tener el dominio de nuevo, hizo que el olor
no le importara, solo deseaba seguir siendo la madre guardiana de esa sucia
admirable zona…
La
señora Érika vio toda la popó batida en las pompas de su hijo y hasta en sus
testículos, y siguiendo sus rutinas. Con los trozos de papel higiénicos ya
preparados para esos cambios de mucha suciedad, le fue limpiando primero todas
las entrepiernas. Al final, le levantó las piernas sobre su pecho, teniendo el
resto de suciedad en sus pompas, y con la mano derecha, su madre le fue sacando
las manchas más grandes, como si le hubieran manchado de crema para pastel.
Gabriel
sentía las manos de su madre pasarle por su línea en las pompas, sentía la
presión en su ano, cuando ella le limpiaba con toallitas como casi metiéndole
el dedo; no negaba que se sintiera muy rico, excitante. No podía evitar no
tener su pene erecto, y por segundos, cuando su glande se bajaba al abrir las
piernas o volver a levantarlas sobre su pecho, tenía que recubrirlo con su
mano, subiendo el prepucio. La preocupación por su celular hacía que se
mantuviera en silencio, como si tuviera ganas de vomitar, le hacía temer de
nuevo a la vida en su propia casa…